
‘Waltz Whith Bashir’, l’absurditat i el genocidi a les guerres
El hilo invisible de Explotación y Esperanza (1)

PERICO GARCÍA AZORÍN
(En colaboración con la IA Gemini)
La historia de la humanidad, mirada de cerca, parece ser una sucesión de esfuerzos por dominar al prójimo. Al observar la esclavitud en la Roma clásica, la servidumbre medieval o la trata transatlántica del siglo XVIII, el proletario del XIX vendía su fuerza por un salario de subsistencia; detectamos un patrón común: la conversión del ser humano en una herramienta para el beneficio ajeno. Pero, ¿qué tiene que ver este pasado remoto con las calles de nuestra Santa Coloma de Gramenet en las décadas de los 60, 70 u 80?
El hilo de la vulnerabilidad
Aunque los contextos son distintos, existe un núcleo compartido. El esclavo romano era propiedad; el siervo feudal estaba atado a la tierra; el proletario del XIX vendía su fuerza por un salario de subsistencia. Por su parte, el inmigrante que llegó a nuestra ciudad hace unas décadas no era un esclavo, pero compartía con aquellas figuras históricas una vulnerabilidad extrema.

La falta de redes de apoyo, las viviendas deficientes en barrios en construcción y la inserción en los sectores más duros de la industria y la edificación colocaron a muchos de nuestros vecinos en una posición de subordinación. Al igual que en el pasado, la necesidad económica de un sistema fue el motor que movilizó a estas personas, a menudo a costa de su propia precariedad.
La educación: el rompeolas de la injusticia
Si la historia nos muestra cómo se crean estas cadenas, también nos enseña cómo romperlas. La superación de estas etapas no es casual. En el caso del proletariado, fue la conciencia de clase y la organización lo que permitió conquistar derechos. En Santa Coloma, han sido las políticas de integración y la lucha vecinal las que han transformado el suburbio en ciudad.

Aquí, la educación emerge como la herramienta política más potente:
- Como espejo: Permite que el explotado tome conciencia de su situación.
- Como puente: Facilita el aprendizaje del idioma y la cultura, abriendo puertas laborales y sociales para el recién llegado.
- Como escudo: Educa a la población local en la tolerancia, combatiendo los prejuicios y la xenofobia que históricamente han alimentado la exclusión.
Un futuro en construcción
A pesar de los avances, los desafíos en Santa Coloma persisten. La segregación residencial y las diferencias socioeconómicas nos recuerdan que el progreso es lento y requiere una acción política y social constante.
Hoy, la segunda y tercera generación de aquellos inmigrantes son los protagonistas de una sociedad multicultural que debe mirar al pasado no con resignación, sino con la sabiduría de quien sabe que la dignidad se conquista. La historia nos enseña que el cambio es posible; la educación nos da las facultades para acelerarlo.

